jueves

Soledad como puente

Ella descansa  a la sombra de un rosal color sangre. Sus gestos son inmutables. El tiempo pasa lento, ella lo escucha en cada pitido que anuncia la radio que lleva en sus manos.
Su lugar es ninguno y es todos. Recuerda sueños en colores y películas en blanco y negro. Su vida se envuelve en humo, en la parálisis del camino, en la lluvia que no la moja.
Es una vida de soledad encontrada con otras soledades. Un parloteo de archivos vividos, de documentales a las 3 de la mañana, de un vestido verde y botas largas que nunca se pudo poner, de pestañas postizas y salidas en barra. Una vida de libertades encerradas, de destierros y entierros. 
Pérdidas tristes que resultaron nuevos encuentros, mezclados con sangre y sol, con perros y dedos amarillos. Torbellinos de realidades secas, como desiertos lunares. 
Sostenemos largas charlas, yo tomo mate y ella té. Fumamos las dos, nos reímos y a veces jugamos a la generala. Es terca, es parca, pero sus ojos petrificados color celeste tienen una profundidad tan abismal que me hacen temblar. La vi llorar sólo dos veces; la primera con una enorme tristeza y aunque sé que no le gusta que la abracen sólo pude con eso. La segunda de alegría y emoción, tampoco pude contener el deseo de abrazarla.
La vida que le tocó vivir la hizo ser quien es hoy. Es una mujer lejana, misteriosa. Casi tan distante como la sombra que la separa de la luz cotidiana para mi. Inmovilizada como una bicicleta de la niñez.
Pero hubo un día que el viento le abrió de par en par las ventanas tan cerradas y oxidadas de su rutina, el día que escuchó la voz de su primer amor después de cuarenta años. Me pidió que busque su contacto. Comenzamos la expedición a la par, encontramos su número y lo llamó por teléfono. La expresión de su rostro, el tono de su voz, sus manos, el aire… todo se transformó.
-          - ¿Tatí, sos vos? Soy Alcira, ¿te acordás de mí?
Me quedé un rato junto a ella, conmovida. Escuchando sus risas, respirando la alegría del instante.
-          - ¿Sabés de qué me acuerdo, Tatí? De tus manos. Nunca las olvidé. ¿Seguís pintando y dibujando. Viajaste. Tuviste hijos. Te acordás de la noche qué fuimos a bailar y después nos fuimos al auto de Carlitos? La última vez que nos vimos en aquel café te comportaste como un cretino. Me mentiste descaradamente, ni un beso de despedida. Y eso que yo ya sabía que te habías casado aunque nunca me lo dijiste.
-          - Para mi la vida no fue fácil. Me casé. Hace un año falleció Orlando. No tuve hijos aunque los desee y los busqué. Pero ahora estoy hablando con vos, y no me olvido que el 2 de Mayo es tu cumpleaños, te voy a volver a llamar.
-        -   ¿Vernos? Yo prefiero que no. Quiero quedarme con el recuerdo de quienes fuimos hace cuarenta años atrás, quiero guardar los vestigios de nuestro amor intacto. Vos fuiste mi primer amor, ¿lo sabés, no?
-         -  Además hay algo que no te dije, Tatí, yo me quedé ciega.
-        -  No, no lo lamentes. Ya está, vivo con esto, es lo que tengo. Mamá tenía glaucoma y yo sabía que más tarde o más temprano me iba a pasar.
      En ese momento la dejé sola hablando con él, me invadió una mezcla de sensaciones saladas en los ojos y la garganta. Pensé en la fragilidad de las cosas, en la dureza de los sentimientos, en el amor más puro, en la suerte que a veces te escupe la cara, en el azar, en el destino, en los lazos fuertes y en los débiles.
Al rato me llamó para avisarme que ya había cortado. Parecíamos dos adolescentes hablando del primer beso, de las cosquillas en la panza, de la complejidad que encierran todos nuestros pensamientos y temores para que cuando el mundo se te tiene que caer encima no hay nada más simple que dar el primer paso.
Mientras nos abrazábamos con lágrimas en los ojos me dijo, gracias por ser un puente, Soledad.




viernes

(Re)Pensar

Mientras el tiempo se diluye como un pincel embadurnado de pintura en un vaso con agua, mientras el sol se oculta tras las antenas y edificios, mientras las estrellas abren los ojos tímidamente, mientras se enfrían los dedos de los pies a medida que el otoño avanza, mientras me estallan las sienes de tanta locura que lastima, mientras el segundero del reloj retrocede y lima las uñas, mientras caigo en la cuenta de las cuentas sin pagar, mientras busco el colchón que quiero, mientras se seca el esmalte rojo, mientras suena Luis de fondo, mientras el humo me nubla la vista, mientras acumulo apuntes sin resaltar, mientras riego las plantas de los pies, mientras la luna me amenaza a través de las persianas, mientras dudo en un mar de voces. 
Mientras escribo tantas estupideces cotidianas te pienso. Casi como una fijación, como un acto reflejo, involuntario, inconsciente, natural, espontáneo. Como respirar, como caminar, como andar en bicicleta, como dormir. Sabiendo que tu sombra es de otro sol. Que tu calor se enciende por otro fósforo.  Que tu día amanece en otro cielo. Y que nada puedo hacer.

¿Nada puedo hacer?

domingo

Siesta Líquida

El frío besa los pies con sus labios secos intentando despertarme, insiste y me tiñe de azul.
El sueño es demasiado profundo para que sea interrumpido, pero se va colando el agua salada y me ahoga entre pelos sucios y espuma cósmica.
Con los ojos cerrados manoteo al otoño y lo invito a la cama, lo abrazo con los dedos congelados. De a poco su forma se vuelve tangible, me incendia el pecho, late como un segundero feroz en la garganta. No puedo gritarte en mis sueños, el mutismo se petrifica en la lengua seca.
No puedo retenerlo, debo soltarlo en el mar, en el cielo invernal. Ver cómo se aleja, sentir el despojo, la falta de aire, el vacío existencial.

Necesito despertar con el sol de febrero en los párpados, con el aroma de las glicinas pintando un cielo claro en el horizonte. 

viernes

(Para)Ná

No es fácil hacer memoria de cosas así. Todo está contaminado, lleno de pelusas, de babas del diablo que se pegan en las pestañas y dificultan la visión.
Me acuerdo que me temblaban las manos, que las piernas se aflojaron, que el humo era constante (un pucho atrás del otro) y eso que vos no fumás…
No tenías que decirme nada, tus ojos eran un libro lleno de palabras incongruentes, inentendibles.
Todavía puedo sentir la respiración profunda en mi garganta, el instante detenido en el tiempo, colgando de los pocos cables que había allí. Me había pedido una ensalada de lechuga y tomate con una milanesa, pero no era eso lo que quería comer. Después de escucharte cada bocado era aire en mi boca, las hojas verdes se fueron ennegreciendo hasta dolerme, hasta hacerme llorar. Nunca había llorado mientras comía lechuga, ¿vos si? Es una sensación rara, hasta puedo llegar a sugerírtela.
Me abrazaste, lloraste conmigo y eso me conmovió. La gente nos miró y dijo cosas. Yo putié, como siempre. Vos también lo hiciste para reforzar mi bronca. Nos reímos para amenizar un momento tan tenso, sabíamos que era una herida difícil de sanar y entendimos que lo mejor era mandar todo a la mierda.
Te dije que me quería ir, realmente me sentí enclaustrada en una plaza, con paisaje de sierras y noche estrellada. Necesitaba correr, huir. Era un cristal frágil, era una hojita en otoño pendiendo del árbol en plena tormenta. Veía su cara en la de los demás. Las palpitaciones se aceleraban con cada palabra. No aparezcas.
Me miraste de cerca, me abrazaste otra vez y calmaste todo ese dolor al menos por un momento. Encendiste un farol en medio de la oscuridad, me regalaste una brújula para ubicar mi verdadero sur y emprender el viaje. Extendiste tu mano con un paraguas cuando la lluvia retinal me empapó el alma y me sentí sucia y fea.
No entiendo, te dije. Hacemos todo tan difícil, tan rebuscado y retorcido. Y eso pasa cuando metemos la cabeza en donde no hay que meterla. La espera asfixia, la incertidumbre te come las uñas. ¿Y para qué? Deducir conjeturas del pensamiento ajeno y de sus acciones. Si no podemos ni con las nuestras.
La cena quedó a medio comer. Pedí mi helado (era de frutilla) no me encanta pero me sirvió de consuelo. Me preguntaste qué quería hacer. Ir a bailar te dije. Accediste, pese a todas tus resistencias. No bailamos al final pero nos tomamos unas cervezas y nos reímos un buen rato. Volvimos al hostel y fumamos, esta vez sí lo hiciste, yo quería que los humos incitaran al sueño y vos también lo querías, sabías que iba a ser una noche difícil. Mi verborragia era constante, casi un vómito de palabras y llanto.
La mañana siguiente te despertaste antes que yo (algo que no sucedía nunca) me regalaste el sol y el río. Los mates y los libros. Me cuidaste como a un cactus en una copita, fuiste mis ojos en medio de la niebla, mis pies en el camino rocoso.

Respiramos el infinito entre el verde de las sierras, y soltamos todo un pasado cargoso en el cauce de las aguas. 

jueves

Esquinas

Una mano.
Una mano que roza la pared; la acaricia, la detesta. Sangra, goza. Percibe su textura, el calor, la temperatura. Se lastima, sana, vuelve a lastimar.
Habla, calla, sonríe, putea, llora.
Quemar los papeles hasta volver al pasado cenizas que no arden. Esconderlas debajo del sillón.
Cajas viejas, cajas con historia. Apiladas, olorosas y llenas de humedad.
Veredas con hojas de otoño, una cerca de cemento. Respiración profunda y sabor a chocolate.
El vino que se acaba, la copa de vidrio que estalla en mesas vacías, en humo condensado.
Demasiadas preguntas para pocas respuestas, buscar la ropa limpia entre tanta mugre.Gatos en tejados, perros tras las rejas. La rabia y el lamento. Cicatrices y crecer de golpe. Todo eso no basta, todo eso es poco. Luces que se encienden y calman las ansias. 

La lluvia como banda sonora, fotografías en blanco y negro. Balas perdidas en paraguas negros y una mano que te sostiene. 

lunes

Girar

El momento, el ahora, el instante que dura.
Sentirme ajena, extraña, coraza.
El olvido de tu lado. El recuerdo del mío.
La soledad que llevo a cuestas, el deseo del desprendimiento. La necesidad de la disociación, de frenar la cabeza.
No estar en ningún lado, porque no tolero el refugio propio.
Esquivar mis caricias, cerrar los ojos cuando te atraviesa una mirada, congelarte las venas con un roce.
Vivir el idilio fugaz, tanto así que te ensucia las manos y te quema los pies.
Aspirar una galaxia entera en el preciso instante que pasa un tren, lleno de personas, ventanas y luces blancas, y sentirte a gusto porque vos no estás ahí.
Querer cansarte de la desconfianza, pero demostrarte una y otra vez que es lo único real que encontrás por todos los rincones.

Por eso estás como estás.

sábado

11 B

Estar en un lugar cualquiera, el que sea. Ajeno a la cotidianidad y sentirte a gusto, como en casa, significa sentirte bien con vos misma.
En medio del ruido, en medio de edificios monstruosos pero más cerca de la luna, ese es el consuelo y eso te sirve, te alcanza y roba una sonrisa entre seca y seca de cuántos cigarrillos.
De fondo suenan boleros y hay olor a tu presencia, a humos, alcoholes, flores y café.
Aún más de fondo hay risas de gente que pinta en la esquina un escudo de algún equipo de fútbol, motores, los perros, el reloj que marca casi la una de la madrigada.
Ya muy lejano, en el fondo de vos, el deseo, el fuego, las ganas, la acción. Mandar al carajo al llanto, escupirle la cara a los miedos, hacerle burla al destino.

Es hora de regar las plantas, de sacar la basura y de ir a dormir, pensando quizás, que mañana es mejor…


viernes

Soy

Yo soy un caos. Soy una catarata de sensaciones y personajes encontrados. Tengo miedos, muchos y como puedo les escupo la cara, cuando me quedo sola, cuando desgasto al otro, cuando la herida está sangrando y le tiro sal para que cicatrice, aunque duela, aunque arda. Cuando lloro es desde las entrañas, cuando rio es el estado más puro.
Soy sola. Soy celosa. Soy rara. Soy un cambio constante de pareceres y ánimos.
Soy fiel a mis convicciones, a mis afectos y a mis sentimientos. Defiendo con el cuerpo, con las uñas rojas, con los dientes torcidos.
Desconfío, prejuzgo, sospecho, analizo, calculo, hasta que me muestro como soy, hasta que reflejo mi verdadero yo, y me entrego.
No le tengo miedo al ridículo, no le tengo miedo al goce, al cuerpo, a las horas.
Soy soñadora, soy utópica, soy sencilla y profunda. Soy un jardín en primavera, soy creativa y creadora. Vivo en los colores aunque me muestre de negro.
Soy La Maga de Cortázar, soy la Frida de Diego. Soy la que aguanta, la que apoya y da la mano sin pedir nada a cambio.
Soy generosa, soy compañera, buena amiga. Autentica, llorona, fumadora.
Viajera en lo terrenal y en lo mental.
Soy relajada, cómoda y ociosa. Soy trabajadora, emprendedora de sueños y proyectos. Responsable y obsesiva de esa responsabilidad.
Soy una mosca y un pájaro. Soy un amarre al pasado y una canoa al futuro.
Soy el juego, la infancia y una bicicleta.
Soy una provocadora, la extrañeza de la noche.

Soy el río que fluye, soy la luna que tiembla en el agua.


sábado

Viento del Oeste

Hubo un día que el viento sopló suave y me hizo entrecerrar los ojos, incomodidad mezclada con placer. Sentí la brisa que venía del Oeste, que es cálida y acaricia, abraza y besa las mejillas.
Me dejé seducir, me entregué con calma aún sintiendo el desborde de sonrisas que nacían desde la panza. Lo confieso, tuve miedo de la entrega, le temí al dolor, a la asfixia de tanto aire suspendido.
Pero confié y floté tanto tiempo con ese viento del Oeste, con ocasos que queman, con amarillos condensados en terrazas poco visitadas, enredada en cables y árboles, con aviones cortando el cielo y plazas como jardines de las casas.
Hubo besos, muchos besos. Hubo abrazos, contenedores, reparadores, sanadores.
El Oeste me hizo cosquillas, me regaló helados que viajan en tren, me conquistó con sus lunas en ventanas sin rejas. El Oeste pinta colores en las calles, en las casas  y en la gente. Dibuja sonrisas en las personas que se dejan soplar suavecito por él.
Pero hubo un día cualquiera, que los vientos rotaron, y sopló fuerte el Este, lluvia constante, nubarrones, gris y tristeza. Humedad molesta que devora, granizo que lastima. Charcos profundos sin fondo, ahogo y desconsuelo.
Tuve que ayudar al Sur para que se lleve y limpie tanta monocromía. Tuve que abrir las ventanas de par en par y ver (paralizada) cómo todos los papeles pasados por agua se volaban, cómo los cuadros se caían de las paredes dejando sus marcas del tiempo impregnadas en el olvido, encontrar palabras sueltas y olvidadas y soltarlas al viento, dejando que el Sur las lleve de vuelta a la suspensión del tiempo.

Tuve que abrir los ojos bien grandes en medio de la tempestad, los vidrios estallaron y sentí el alivio de la calma. De la liviandad. De sentirme más tranquila, depurada del nubarrón, limpia de la humedad, con un amanecer claro, con todo por venir. 

jueves

Recuerdo de Viajes

Tal vez se trate de la lucha entre lo cercano y lo distante.
Un poco que eso de estar lejos se siente raro. Tal vez sea que estoy demasiado cerca.
Ya no se puede distinguir el fin del cielo porque acá todo es inmenso, o será que somos diminutos y el espacio invita a caer.
Se puede absorber el infinito en este lugar, donde ya no hay nada ni nadie.
El color es una avalancha en el alma que hace descender hasta el sentimiento más pesado.
Choque mortal de vorágine y calma. Entrar en piloto automático hasta que el aire duela en el pecho. Dejar volar los pájaros que anidaban en la cabeza porque ya es tiempo de flotar y de saltar.
Hay veces que el ruido del silencio apuna las neuronas. Los dioses ocultos tras los cortes duros de las rocas se asoman para suspirar. Hay veces que el rojo me quema las pestañas y ya no puedo ver.
Tiempo que sobra para lavar culpas. Tiempo que falta para llenar de luz. Precipicios donde encuentro fragmentos nuevos para recolectar y armarme.
Voy desvistiendo sentimientos, revelando oscuridades frente al amarillo que enmaraña tu mente perturbada. Volcanes muertos que reviven cuando las manos sangran, cuando la voz se apaga y el murmullo de la nada atraviesa la garganta.

Camino descalza los senderos que la tierra indica, voy pisando escalones que llevan al paraíso en el cielo, donde hay verde y también flores enormes. 

Escrito en las Sierras

La luna se asomó por detrás de las sierras, despertando de una larga siesta, con lagañas en los ojos. 
El murmullo de los árboles que se agitan y sus miles de hojitas se dejan seducir por el suave tacto de la brisa.
Si cierro los ojos parece lluvia que cae deliciosamente en un estanque.
En el medio de este todo sólo se escucha el croer de los sapos, el canto de noche profunda de los grillos. Apenas unas lucecitas entre amarillentas y verdosas de los bichitos de luz marcan el camino. 

Así, con este infinito de felicidad y de soledad. Así es mi lugar actual. 

domingo

Cierro los ojos y deseo fuerte...

Que el viento sople a mi favor, que mis brazos se extiendan tan alto y lleguen hasta el cielo, para abrazar todo ese infinito que me pertenece y cabe en un frasquito de vidrio, el mismo que tantas veces necesitamos abrir para sentir la fresca brisa de las sierras.
Que una noche me encuentre bajo su manto de estrellas, maravillada por sus misterios, saboreando el placer de la calma, mientras los grillos acompañan el ritmo del silencio, y no me equivoco, si prestás atención todo en este mundo tiene un sonido, hasta el mismo mutismo.
Que mis pies no echen raíces en suelos llanos, que no se aferren al pantano de lo cotidiano. Que sepan ser ágiles en momentos arenosos, que sepan ser fuertes para asentar tus principios.
Que mis dedos no se callen ni petrifiquen por el dolor, que sepan bailar al son de los colores.
Que ni los ojos me pueda arrancar, aún cuando la lluvia retinal nuble el panorama, porque quien los cierra ya no tiene nada.
Que se desprendan de mi voz los hilos amarillos de la luna, que sepan formar redes invisibles para acunar los sueños más hermosos.

viernes

Tiempo a Tempo

¿Qué me van a hablar del tiempo?
Eso de medirlo, de contarlo, de planearlo… puras habladurías.
Este temita no puede explicarse así como así, se siente o se vive, fin de la cuestión. No voy a ponerme en catedrática ni absolutista, pero escuchame, ¿me lo vas a refutar?
¿Cuándo sentís que estas vivo? ¿Qué es lo que te quema las pestañas cada día?
Yo creo que uno no se percata nunca de lo que es hasta que lo es. Es un juego de palabras pero me parece que es así. Que el tiempo se vuelve real cuando detenemos un instante la vorágine, y mira qué absurdo o qué contradictorio, que para vivir hay que parar.
El alimento para el alma nos da el ímpetu para seguir vivos, para sufrir y disfrutar, para la hamaca de cada día.
No se si está bien creer que para que exista el arriba tiene que haber un abajo, todavía no me puse de acuerdo, pero a veces pienso que no siempre debe ser así. Es una cuestión de perspectivas solamente. Es algo que uno necesita creerse para poder seguir.
Cada mañana es única aunque parezca que tiene siempre el mismo disfraz, nada vuelve y todo perdura.
Uno es dueño de su tiempo y de lo que hace con el, es libre de elegir la levedad o el insomnio, el amarillo o los grillos.
Pero hay veces que el tiempo nos toma de los tobillos, es increíble, pero nos alcanza. Hay varios de esos días que todo pesa en la espalda, que las agujitas mecánicas van a mil revoluciones y nos enloquecen, entonces sentimos los parpados cansados, la voz que arde, las manos que no responden, nos olvidamos que podemos elevarnos con solo aspirar el infinito, ahí donde no hay tiempo, ahí donde los colores nos inundan, donde uno puede escalar hasta la luna y sentir que el vacío de los minutos huecos pero llenos de ruido quedaron en otro plano, en uno de casilleros Mondrianìcos pero monocromáticos, como una hoja (horrible) cuadriculada.
Nadie nos avisó que algunos saltos en esta rayuela iban a estar tan interrumpidos por obstáculos, nadie nos previno de las heridas con sal, ni de las lágrimas que queman, pero fuimos aprendiendo, y seguimos haciéndolo, para seguir saltando, para que la piedrita nunca deje de picar.



Me deseo una rayuela llena de tiza, con muchísimas oportunidades para seguir tirando, aun cuando caiga en una línea o inclusive cuando se salga de ellas, porque así es como vamos afinando la puntería, así es como seguimos jugando con el azar, con las improbabilidades probables, esas que nos hacen reír. 

Brotes

Me pienso, cierro los ojos y afirmo mis pies en el cielo. Comienzo de un proceso, inicio del ovillo. Abro el cajón lleno de papeles amarillos y olor a sueños. Abro los brazos, extiendo los dedos y me sumerjo en ríos claros, recojo entre las palmas agua fresca que me calma, la llevo hasta los frascos de mi memoria, y riego algunos recuerdos.
Son semillas, algunas se pudrieron, otras brotaron, me quedo con ellas, despido a las otras. ¿Qué es lo que genera ese pequeño mundo verde que se asoma al sol, a la vida?
El azar. La suerte. El destino. El deseo. El amor. La magia. La voz. El agua. La luz.
Soy brotes. Muchos o pocos. A veces no alcanzo a regarlos, otras ni a podarlos. Soy verde, soy mutación. Soy un proyecto de flor. Soy hojas. Soy follaje vivo en primavera, un sueño de lluvia, un deseo de sol. Una enamorada de la luna. Soy suavidad en tus manos y hasta una infusión.

Soy fuerte y enfrento heladas, pero a veces me marchito con el calor. Tengo sed de crecimiento, tengo ganas de ver el sol. Necesito de tus gotas mañanitas de rocío para sentirme fresca y ponerme mi mejor color. 

miércoles

Palabras que encuentro en mis cajones (Parte III)


Sueño que soy niña otra vez, que tengo una remera rayada azul y roja, que tengo unos jeans cortados encima de las rodillas. El pelo suelto y largo.

Sueño que estoy en un barrio de sepia, con gente que habla mucho y dice poco. Sueño con un puente que vi en Mendoza, y con una serie de acontecimientos extraños y de poca relación entre sí.

Sueño con dos viejas morenas, sus cabellos enrulados y sus lenguas filosas en la espalda.

Sueño con un tren viejo, de madera. Con tarjetas llenas de mensajes. Con un secreto al oído, no quieren que estés más por acá. Nos van a matar.

Sueño con una tarde muy calurosa. Con el paisaje en sepia, con el puente y camino de tierra. De repente un hombre muy gordo sentado en un sillón en medio de la calle, me mira desafiante. Detrás un viejo sin piernas, tose escupiendo flema densa y pastosa, deja caer una de sus muletas y se desploma contra el suelo. El gordo me mira, me invita a ayudar al viejo.

Sueño que me acerco, que le extiendo una de sus muletas y cuando me doy vuelta el gordo saca un revolver plateado, corro hacia la vereda de enfrente, de pronto el panorama cambia, es un barrio antiguo, repleto de árboles frondosos, de sombra que alivia en verano. Desde esa vereda veo cómo el gordo dispara hacia mí, no tengo miedo, de hecho ni siquiera me inmuto, sólo lo observo.

Sueño que la tristeza me invade, que caigo rendida. Que la vereda marrón con surcos es ahora mi cielo.

Sueño que alguien me lleva entre sus brazos. Que las viejas morenas con cabellos enrulados salen detrás de una cortina naranja, que critican por lo bajo, pero insultan a los gritos cuando ya estamos a media cuadra de ellas.

Sueño que estoy en una cocina. Que en esa cocina hay una lámpara roja, una mesa redonda, azulejos blancos con flores.

Sueño que me acompañan varios osos de peluche desgastados, y en cada silla un grabador. Voy presionando la tecla que inicia la cinta, escucho las voces de gente que ya no está. Voces que me dicen feliz cumpleaños una y otra vez.

Sueño que veo a esa niña sentada en la mesa, presionando botones con osos a su alrededor.

jueves

Palabras que encuentro en mis cajones (Parte I)


Que sé yo. A veces soy asquerosamente triste, exagerada, pegajosa y hasta lejana. Pero hoy yo también quería romper esta distancia que nos separa. Decirte que te quiero. Mi receta es: cuando estés triste, derramar tinta en la hoja. Cuando quieras reflexionar, mezclar las palabras con trementina. Cuando quieras cambiar el aire, lavar los pinceles y así empezar una obra nueva.

sábado

Lunares

Cuando me desperté supe que ya no estaba. Sentí la despedida desde el borde de la cama. Una pausa amarga de silencios secos. Había caminado cuatro pasos hasta la puerta, se detuvo. Una oleada de sensaciones, recuerdos y pensamientos inundó sus ojos, garganta y manos. Llevó los dedos hasta la frente, con sus palmas cubrió pestañas, nariz y pómulos, dejando así su boca pastosa, llena de palabras sin conjugar ni tiempo verbal que sigan cocinándose en su sopa de letras. Supe que volteó una vez más, vaciló un par de preguntas, algunos reproches también.
Sentí la brisa de la despedida; de la muerte serena del tiempo que abandona. Inspiré hondamente una bocanada de aire con perfume a olvido. Abrí la persiana de los párpados con cierta pesadez, las cuchillas de las sienes se excitaban recordando una noche de llanto silencioso.
Te miré sin verte. Con esa tentativa de acciones que sólo son posibles en la imaginación y después se agolpan desesperadas para no dejarte pensar. Supe que me estabas dejando, con esta almohada de flores que marchitan. Con mis propios caminos de tierra húmeda.
No tuve miedo cuando tu espalda desapareció tras el umbral. Sonreí con ganas, con toda la piel, con todo el amarillo de un nuevo amanecer, de otra oportunidad.

domingo

De cuando era posible



Somos testigos del tiempo que se detiene frente a nuestros ojos.
El instante caótico previo a la calma que ensordece. Un silencio de vidrios rotos que alcanza a cortar los ojos.

La tinta chorrea desde los lagrimales y el mundo se desprende debajo de los pies.

Instantáneas desgarradoras de figuras que no pertenecen a ningún sitio. Ideas suspendidas en el universo encerrado del otro lado del espejo. Minutos huecos. Notas arrojadas en la hoguera se consumen y funden en bocas abiertas, salivando por heridas que se abren pero no sangran. Que un bandoneón sea el proyector de las miserias mas humanas. Que vomite las entrañas podridas de un cuerpo anestesiado. Y otra ronda, que las ninfas todavía no se entregan.

Cuerpos que se amontonan, desnudez andrógina. Desde el fondo se dejan escuchar las melodías nostálgicas de lo que no volverá a ser. Arrancarte las vestiduras para ver al fin lo que intentamos ocultar. Aparentar porque no se alcanza lo que se quiere ser. Es recurrente. Casi constante. Desde que se quitan el infinito de los ojos y se cubren con bolsas que asfixian. El deseo de ser otro para ver lo que sus ojos ven. La rutina que aplasta y deja secuelas en la piel y huecos en la garganta. Parece que en el vacío no hay espacios disponibles aunque cueste creerlo. Asi es como se sufre, acordate lo que te digo.

La piel que no es más que un disfraz del montón, el cierre por detrás lo hace evidente. Hay que aprender a abrirlos, porque el único que funciona es el que falta y asi lo verdadero queda expuesto.

A lo lejos veo la redención, con ofrendas para dioses de agua podrida, de pavimento estampado contra las narices de los protegidos por estrellas. Pájaros como ideas que cada tanto salen a picotearnos las cabezas.

La inspiración que viene del más allá y no tiene formas reconocibles, pero si aroma de mujer. Se desdibuja en cicatrices del pasado y asi es como pierde sus facciones.

Búsqueda constante. Respuestas que no se encuentran para saciar la sed de tantos interrogantes. Y si no existen habrá que inventarlas. Pero para qué, si al final la vela se consume, los músicos se cansan, el tiempo se acaba.

Personajes perseguidos por un pasado incendiado, cenizas que aún arden en los huecos de la memoria, mal vivientes del presente.

Piezas perdidas de un rompecabezas que no encastra, la lucha con saliva para el acople justo.

Lenguas filosas entre las piernas, brebajes que prometen noches sin luna. Un volver al origen sin cordones ni alfileres. Y dale que así me gusta, sin mirarnos por las dudas.

Pueden llorar, pero no saben cómo. Huelo el miedo esparcido en el laberinto de sus mentes.

Veo ojos que se vaciaron, idiotizados en las bocanadas de humo toxico exhalado por aquellos que perdieron el norte y también el sur. Pero ellos no lo saben, una palmada en la espalada, y calladitos sin molestar, que acá hay gente que quiere descansar.

Alcanzo a sentir dedos sin huellas ni presagios posarse sobre mis hombros. Balbuceos susurrados al oído pidiendo anestesia. Adoquines en el estómago y ese miedo al vacío espacial que no te deja respirar.Piden una vuelta más, que el blanco es insoportable y hay que rellenar.

miércoles

Acá


Horacio, no es fácil hablarte desde este sillón negro, mantenido por el tiempo, deglutido por polillas. Macerado de noches despabiladas, con el alba callada.

Necesito contarte de aquel cielo raso que se cayó en nuestras cabezas hace ya algunos años, de cuando lenguas rugosas jugaban a la escondida en la oscuridad de los paladares. ¿Te acordás de ese tiempo, Horacio? De la noche que, ajenos a los miles de ojos, hubo manos que se deslizaron hasta tocarme con exacerbada precisión en el punto donde explotan los jazmines.

Cada tanto me detengo a observarte, o buscar en la profundidad de tu mirada vestigios de ese pasado tan librado al azar, tan desnudo y puro.

Tengo pudor, Horacio. Siento vergüenza de mostrarme autentica frente al espejo que refleja tu imaginario. Hay veces que tus dedos me queman, que las palabras que dejas salir, como lentas expiraciones de una vida que no logras alcanzar, van pegándose en la piel hasta formar escaras que supuran. Dolés con tu indiferencia. Duele tu distancia.

Lentamente nos fuimos convirtiendo en extraños. 48 hs de reposo corrido y de vuelta a la rutina. La fiebre baja porque ningún síntoma ronda este espacio. Porque con el frío todo ardor queda sumiso.

martes

Algunas cosas que no


- Nunca pude hacer la vertical.

- Nunca pude hacer la vuelta carnero hacia atrás.

- No me sale el repulgue de las empanadas ni las tartas.

- Si abro la ventana para dormir muevo la cama que está debajo por las dudas de que entre algún bicho.

- No uso señaladores cuando leo un libro.

- Comí lechuga una sola vez en mi vida.

- Subrayo oraciones en todos los libros que leo. Un libro sin marcar es un libro muerto.

- Nunca tuve un par de botas.

- Cuando paso al baño de cualquier persona abro todos los cajones, puertitas, o lo que sea.

- Nunca me subí a una montaña rusa.

- No sé las tablas de multiplicar.

- Planchar me hace doler la panza.

- No puedo dormir en la oscuridad total, tengo la extraña sensación de haberme quedado ciega.

- Me resulta imposible dormir con las piernas estiradas.

- No sé jugar al truco.

- No me da verguenza llorar.

- No me importa ser ridícula y jugar en las plazas.

- Nunca pude tocar carne cruda.

- No puedo caminar y cantar al mismo tiempo.

- No puedo ir a que me saquen sangre sola.

- No sè tocar ningún instrumento.

- (...)