domingo

Cuando no quiero aspirar grises


¿Cómo hacer para que una brisa de primavera te cuente al oído la infinidad de cosas que estoy callando? No se puede, porque no sé hacerlo y porque no entiendo las razones de lo que callo.

A veces siento que no nos alcanza el tiempo, o que el tiempo nos alcanza muy rápido, no sé, esos juegos de palabras me gustan.Hay pocas cosas de las que estoy segura, conforme, tranquila... infinidad de sinónimos. Y yo creo que si, que entendés o que sabés o intuís lo que me sucede.

Si hay un hueco en la garganta que asfixia o un espacio que comprime cada vez más corre en paralelo a nuestro puente amarillo. Son tiempos raros, cada tanto aparecen. Los vientos caprichosos e indecisos juegan perversamente con mis manos, y es un poco así lo que me pasa. No voy a negar mi condición de persona. Soy altamente cambiante, inconstante, incoherente, suceptible, vulnerable, y miles de etcéteras de esta índole. Por eso de repente lleno un vaso con agua y me sumerjo viendo cómo me ahogo en 100 centímetros cúbicos, lo cual termina resultando de lo más insoportable para mi, saco la cabeza y me rio de mi dramatismo.

Dramática es una palabra que cuadra bien conmigo, aunque eso de los cuadrados y la suma de los ángulos no lo comprenda aún.

Yo me fijo mucho en pequeñas tonterías. Después de un viaje aburrido en el colectivo acompañado de unas cuadras hasta mi casa enciendo la cajita que entretiene y me encuentro con Julio, hablando de mundos fantásticos justamente en un día que fantasía es lo que me falta. Y mi jardín, que siempre me tiene sorpresas, me da con sus manos de cerezos una planta de fresias para plantar. Unas dalias que pensé, habían pasado a ser alimento de lombrices, están ahí, también esperando. Entonces recurro a dos macetas, a la tierra, a su olor cuando la mojo, y las planto y lloro pero estoy bien. Y sé que puede ser aburrido que te hable de plantas y jardines, de unas palabras de Julio, de un viaje en colectivo. Pero estoy segura que en algún punto me entendés.

Esto ya se torna confuso cuando el único objetivo era decirte: Gracias por cruzarte cuando las cosas parecían estar escritas cripticamente, por invadirme los espacios con tus colores, por contagiarme la alegría que dejás salir naturalmente.

Que si manchamos que sea con el cuerpo y con las manos. Con la boca y desde adentro. No esas manchas que son garúa hipócrita que no hacen más que cerrar los ojos de dolor.

La permanencia.


Y es lógico, piensan los que piensan, la lluvia se nos cae encima, viene de arriba.
Que idiotas, piensan los que no piensan, la lluvia viene de abajo, del costado, de la boca, de los ojos, de las manos.
Lo que se desprende no cae del cielo, más bien de los ruidos. Uno que anda malherido por estos días, petrificado entre tanta cosa rara. Inmóvil en el silencio que no es más que vorágine de luz y velocidad.
Uno que anda aplastado por la tarde. Con las venas adosadas al miedo, al filo y al frío. Con las crenchas llovidas de agua estancada. Azul de tan blanco, desnudo ante la inmensidad.
Hay que dejarse llevar por las causes del río metafísico, pegar un salto al asfalto y darse la cara contra el pavimento mojado.
Juntar las partes que se desploman, juntarlas aunque estén llenas de pelusas verdes, de hilos extraviados, de vidrios congelados, de migas y bichitos.
Sacarse los ojos con los tenedores, sentarse al borde de la silla, caminar con las manos y estar al revés.
Hay que prender fuego la cama, escupir las sábanas, ahogarse con las almohadas. Saber que no existen las eternas lejanías, repetirnos al infinito parece lo decente.
Uno piensa con sed de horizontes, de ocasos quemados y amaneceres oxidados.
Y así uno no puede quedarse, hay que seguir andando. Con amor, desamor, calma, exaltación, nostalgia, alegría. Con alas, hormigas, azúcar, llantos, risas. Con viento, nubes, llovizna, tormenta. Con pudor, arrugas, noches, semillas. Con esponjas, sueños, pesadillas, desnudez, encierros, tapujos. Con tardes, árboles, delirios, azares, casualidades, coincidencias, desencuentros, siestas, despertares, belleza, fealdad…
Seguir con lo que eso significa, con lo que somos, lo que no. Lo que rodea, lo que se oculta. Lo permanente y lo que caduca.

miércoles

Que no y no


Lo podés ver. Ahora estos ojos, tus ojos, se arrastran irónicos por donde estés. Convencido que algo nutritivo hay detrás de estos brotes de tinta negra. Sabés… siempre creí que su sabor era amargo.

Uno no puede andar cerca de las sombras que proyecta la luna, ella lo sabe y favorece a la desgracia. A veces odiosa y caprichosa, lejana. Pero no, te obstinás en seguirla, en jugar con ella y con las formas. Es que conocés la mitad que lo demás no pueden ver y no te entienden, acarician tu cabeza y –bueno, como quieras. Vos sabrás.

No podés vivir cerca de los candados y las llaves de aire, vos que dibujás con saliva alejate de las palabras escritas con humo. ¿Qué quiero decir con esto? Que no vengas a despertarme para decirme que es domingo, menos si es febrero. Que me estampes en la cara un beso pegoteado con olor a caramelo de plaza. Con vértigo de hamacas. Que tengo la cama repleta de papelitos verdes, como los jueves. Que no me dejes ser lo que no soy. Como esos que van muriendo desde que el despertador grita religiosamente a la misma hora todas las mañanas, eligen cuidadosamente las combinaciones, toman el café en la taza cotidiana, caminan apurados sin ver el cielo a menos que caigan unas gotas y lo maldigan porque se olvidaron el paraguas y el pelo se moja y la ropa se moja y el alma se moja y están al descubierto. Y así ellos no pueden. Qué le vas a hacer, tal vez algún día aprenda a vestir mejor los sentimientos y no desnudarlos por cualquier lado.

Que no se confunda


Y en lo hondo de la pieza el humo, el calor, la humedad, el olor a pelo sucio, la almohada aplastada y babeada, el aliento a cigarrillo, las ventanas abiertas y la insoportable sensación térmica. No por verano. Por los cuerpos inertes que solo pretenden eso, irradiar lo que sea. Las manos que caen como lluvia y empapan los hombros, el pecho y desembocan en las piernas.

Hay contagios que poseen, maravillan pero mueren de secos. No se comprenden, se pierden a mitad del camino. Balbucean anuncios y las voces se quiebran, el idioma es ininteligible. Y a veces eso les alcanza, porque apoyan las bocas contra paredes agujereadas, de vidrios astillados que les cortan los labios. Y si, eso les alcanza.

Pero cuando el ofrecimiento de piel se pierde entre los ríos salados, la música se termina, el cenicero vomita cenizas, la espuma se abre y calienta, las velas verdes se consumen, se transforman en eso que no son. Y ahí si, ahí no hay más nada que un simple cerrar los ojos, buenas noches y abrigate los sentimientos no vaya a ser que los dejes correr por la cama con el frío que hace.

lunes

Basicamente, la lluvia y sus formas


¿Sabés lo que pasa?

Los días así extiendo la mano y toco el ovillo violeta. Viste como es… que las gotitas se suicidan pero no revientan contra el piso. Se aferran de los cables, de las rejas, de los techos y de mis pestañas. Las miro fascinada. Parecen lucecitas. Brillantina.

Los días así el verde se vuelve más nítido. Y el amarillo envuelve los dedos que se congelan cuando vuelvo a tocar el ovillo. Pero está mojado y pegoteado. Hay baldosas flojas que escupen si las piso. Hay música que me tranquiliza cuando abro el paraguas. Hay ansias de sentir el refugio, de arrancarme el viento de la espalda.

Ahora hay que abrir el cajón, meter la mano y sacar la cuchara, no vaya a ser cosa que en vez de revolver el café me encuentre con un manojo de lana, decida enrollarlo y me lleve hasta andá a saber dónde.

Inter-dialogue


- Todo es impreciso, posible e improbable.

Qué querés, el amor pide calle, pide viento, no sabe morir en la soledad.

- Y yo sin tréboles. Con la caja de fósforos llena de azúcar. Sin hojas secas en medio de esta lluvia de polillas y esa vela verde que no para de consumirse.

Cortala y andá a dormir che.

Tardes


Y así seguí sin pensar.

Es que ya no me importa dejar atrás la realidad que intenta generarse alrededor. Veo lo que elijo. Hay tardes sin tiempo. Especialmente las grises con tintes amarillos. Y tal vez una lluvia quiera romper el silencio, pero sólo consigue que mi jardín llore. Sin paraguas voy a cosolarlo. Ahora el verde me canta al oído. Es que ahí estoy. Y no estoy.

En la hoja perfecta por lo imperfecta que junté mientras caminaba hasta tu casa.

En la pluma que me encontré entre las piedras para regalártela con una sonrisa.

En los jazmines que te llevé cuando estabas mal.

Hoy sueño con mariposas.