lunes

Dulce de leche

El único consuelo es llegar a tu casa sabiendo que hay un flan esperándote.

La culpa es del frìo


Un poco yo también borro mis palabras, porque al final no se entiende nada.
Porque la vía láctea es vasta. Y en el vacío no hay espacios disponibles aunque no lo creas. Aunque te cueste creerlo.
Así es como se sufre. Así es como me desgarro la piel llorando en los estantes de las bibliotecas llenas de libros amarillos con olor a tiempo. Me saco los ojos y los tiro, pero hay tanto para ver. tanto y tan poco.
Hoy no sirvo. Ni para mi. Me inunda el dolor, me sulfura la cabeza.
Por eso mejor que las cosas se digan solas. Sin palabras. Que se borren por hoy.
Un poco todo eso. Y otro poco lo que se sabe. La reiteración. La calesita que gira y gira, a ver si se plasma en las neuronas.
La mano siempre. Más fuerte y más cerca.
Siempre.

sábado

Ceremonias


Me gusta estar sola en la casa. Es viernes. Esta noche de marzo anuncia la pronta llegada del otoño, está fresco y el cielo es inmenso cuando el frío congela narices.
Aun asi, pese a los diecisiete grados, me gusta no estar vestida. Disfruto bañarme con la puerta abierta, mirarme al espejo con Pink Floyd sonando alto y sentir la música en cada centímetro de la piel, posando y gesticulando ridículamente, creyéndome linda en un jardín con lirios blancos y glicinas perfumando ombligos.
Me gusta salir mojada del baño y dejar las gotas por todo el suelo. Pintarme las uñas de rojo, ponerme crema, esas cosas de mujeres.
Pienso que la idea de hacerme un café y que al abrir la heladera haya un lemmon pie me dibuja una sonrisa. Y ahora me siento en el sillón y abro un libro, Ceremonias, que irónico pienso. Entonces reafirmo la idea de que realmente me gusta este viernes.

miércoles

Hundido


¿Por qué soñé con el escritor Graham Green si nunca leí nada de él? Si no pensé nunca en él. Si apenas conocía su nombre.

Asi es, soñé con Graham Green.

lunes

Cadaver Exquisito


Si las tejas sostienen el aire y las chimeneas humeantes se ven a lo lejos invitando al salto entre el trigo sucio, mojado y penoso. Pero desde adentro algo invitaba a matar violentamente al pájaro que sale entre las ramas a volar verdes y violetas mientras sueña y además sostiene en su cabeza otra cabeza abierta, ideas coloridas.
Todos los demás seguimos caminando, buscando entre papeles viejos y amarillos una pronta respuesta que conduzca a una verdad incierta, como todas las verdades que en realidad mienten, pero igual trato de descubrir el mundo oculto detrás de una roca, detrás de un jardín multicolor que encandila con su luz y colores en los vidrios, iluminando rostros vivos, con almas llenas y puras y blancas esferas que flotan alrededor de un bosque pesado y oscuro, pero pudiendo ver la luna que a pesar de todo… brilla.

Las Calles. Córdoba. Traslasierra. 18-02-2010.

Cosas del calor


Las aspas del ventilador parecen no moverse a esta altura, la humedad sin pedir permiso se filtra por las persianas hasta sentarse en el marco de la ventana y nos mirar con ojos tristes. Se hace imposible ignorarla cuando lentamente desciende de aquel lugar y se instala al borde de la cama, y va chupando los dedos uno por uno, y el asco nos hace voltear para no verla más, inútilmente claro, porque la podemos sentir. Ahora sigilosamente avanza como una fiera por las piernas, con su lengua áspera llena de saliva las espaldas y todo se torna acuoso, un poco verde.
Puedo sentir sus manos hinchadas en mi cuello, lentamente me estrangula, aspiro una bocanada profunda hasta que ella, con sus ojos serenos, me arroja su aliento dentro de mi garganta, es inmundo, putrefacto. Siento arcadas, me veo presa de baba pegajosa entre mis brazos, las venas me van a estallar, los ojos se van inyectando de rojo sangre hasta que con las últimas fuerzas, las pocas ganas, me levanto de esta cama deshecha y me dirijo hasta una lluvia fría, la humedad me saluda, se da media vuelta y me pide que la despierte cuando termine, que ella no tiene sueño.

miércoles

Ata qué?


Abro la boca, siento el ardor en la garganta. Tengo sed, tengo agujeros azules adentro. Llorando mercurio vengo a pedir reparo, esta tormenta de viento me lastima los dedos, trepo hasta el cielo, saltando memorias, esquivando escupidas estelares.
Cuando llega el momento de cerrar los ojos creo perderme en la oscuridad, tengo miedo de hacerlo, hay algo que me impulsa a caer para adentro, siempre caigo para adentro. Cierro la boca, estás jugada tonta, te quedaste adentro por boba. Por olvidarte cómo se salta, por no dar vuelta la mesa del comedor y navegar los mares grises de la cabeza, encallando de vez en vez en cascotes pesados sin encastrar.
Ahora sentís un hormigueo que recorre tus brazos y se extiende a las manos, sos conciente de todo tu cuerpo, de cada vértebra, de cada centímetro de piel que se contrae con fuerzas porque el aire escasea, porque el corazón se acelera y todo comienza a ponerse negro otra vez. Tenés que superarlo porque así es tu vida ahora. Un ir y venir constante de episodios patéticos. De estrellarte la cabeza una y mil veces con situaciones del nunca jamás, del nada de eso es probable. Vivís el ahora pensando en el futuro, y así te olvidas vivir hoy. Te ahogas en charcos de agua podrida, en cielos sin lunas, en peceras vacías acribillada por ojos que juzgan y dedos que golpean el vidrio para que hagas algo porque sino es aburrido, sino no nos entretiene. El combustible de hoy es saber que hay un mañana, que estas más cerca, que te alejás de lo otro, pero que triste es, que pena me da que te despiertes con la respiración contenida hasta que te volvés a dormir, que pena me da verte acá sentada, repasando el sufrimiento, creyendo que así lo exorcizas de una vez por todas.