lunes

Cadaver Exquisito


Si las tejas sostienen el aire y las chimeneas humeantes se ven a lo lejos invitando al salto entre el trigo sucio, mojado y penoso. Pero desde adentro algo invitaba a matar violentamente al pájaro que sale entre las ramas a volar verdes y violetas mientras sueña y además sostiene en su cabeza otra cabeza abierta, ideas coloridas.
Todos los demás seguimos caminando, buscando entre papeles viejos y amarillos una pronta respuesta que conduzca a una verdad incierta, como todas las verdades que en realidad mienten, pero igual trato de descubrir el mundo oculto detrás de una roca, detrás de un jardín multicolor que encandila con su luz y colores en los vidrios, iluminando rostros vivos, con almas llenas y puras y blancas esferas que flotan alrededor de un bosque pesado y oscuro, pero pudiendo ver la luna que a pesar de todo… brilla.

Las Calles. Córdoba. Traslasierra. 18-02-2010.

Cosas del calor


Las aspas del ventilador parecen no moverse a esta altura, la humedad sin pedir permiso se filtra por las persianas hasta sentarse en el marco de la ventana y nos mirar con ojos tristes. Se hace imposible ignorarla cuando lentamente desciende de aquel lugar y se instala al borde de la cama, y va chupando los dedos uno por uno, y el asco nos hace voltear para no verla más, inútilmente claro, porque la podemos sentir. Ahora sigilosamente avanza como una fiera por las piernas, con su lengua áspera llena de saliva las espaldas y todo se torna acuoso, un poco verde.
Puedo sentir sus manos hinchadas en mi cuello, lentamente me estrangula, aspiro una bocanada profunda hasta que ella, con sus ojos serenos, me arroja su aliento dentro de mi garganta, es inmundo, putrefacto. Siento arcadas, me veo presa de baba pegajosa entre mis brazos, las venas me van a estallar, los ojos se van inyectando de rojo sangre hasta que con las últimas fuerzas, las pocas ganas, me levanto de esta cama deshecha y me dirijo hasta una lluvia fría, la humedad me saluda, se da media vuelta y me pide que la despierte cuando termine, que ella no tiene sueño.

miércoles

Ata qué?


Abro la boca, siento el ardor en la garganta. Tengo sed, tengo agujeros azules adentro. Llorando mercurio vengo a pedir reparo, esta tormenta de viento me lastima los dedos, trepo hasta el cielo, saltando memorias, esquivando escupidas estelares.
Cuando llega el momento de cerrar los ojos creo perderme en la oscuridad, tengo miedo de hacerlo, hay algo que me impulsa a caer para adentro, siempre caigo para adentro. Cierro la boca, estás jugada tonta, te quedaste adentro por boba. Por olvidarte cómo se salta, por no dar vuelta la mesa del comedor y navegar los mares grises de la cabeza, encallando de vez en vez en cascotes pesados sin encastrar.
Ahora sentís un hormigueo que recorre tus brazos y se extiende a las manos, sos conciente de todo tu cuerpo, de cada vértebra, de cada centímetro de piel que se contrae con fuerzas porque el aire escasea, porque el corazón se acelera y todo comienza a ponerse negro otra vez. Tenés que superarlo porque así es tu vida ahora. Un ir y venir constante de episodios patéticos. De estrellarte la cabeza una y mil veces con situaciones del nunca jamás, del nada de eso es probable. Vivís el ahora pensando en el futuro, y así te olvidas vivir hoy. Te ahogas en charcos de agua podrida, en cielos sin lunas, en peceras vacías acribillada por ojos que juzgan y dedos que golpean el vidrio para que hagas algo porque sino es aburrido, sino no nos entretiene. El combustible de hoy es saber que hay un mañana, que estas más cerca, que te alejás de lo otro, pero que triste es, que pena me da que te despiertes con la respiración contenida hasta que te volvés a dormir, que pena me da verte acá sentada, repasando el sufrimiento, creyendo que así lo exorcizas de una vez por todas.

Cuca Rachas


Estoy decidida a enfrentar el terror que me dan esos bichos con patas de color marrón rojizo con alas. Pocos pueden entender mi parálisis frente a las cucarachas. Trabajo en un lugar próximo a un sótano, por ende cuando hace calor o cuando se aproxima la lluvia salen correteando libremente. Cada mañana abro la puerta en la oscuridad temiendo que alguna pasé por encima de mis pies, por eso pego un salto hasta la llave de luz que está encima de la heladera. Después de dos años de estar acá todos los días todavía no sé que tecla enciende qué luz, así que prendo todo y que sea lo que sea, sin querer ver el suelo, porque puede pasar también que me lleve la sorpresa de haber pisado alguna, o que la pobrecita ya esté patas para arriba y andá a saber qué después de eso.
Cuando algo me da miedo me tapo los oídos, me pasa que los ruidos se fijan más en mi cabeza, o desarman más situaciones que una imagen. Por eso no puedo escuchar pero si ver. Entonces cuando veo una cucaracha me tapo los oídos, lo mismo me pasa con las arañas, ojo.
Así con los oídos tapados busco el aerosol asesino, claro que para eso necesito una mano al menos, entonces inclino la cabeza hasta que mi hombro sea el suplente de la mano, realmente es toda una práctica de elongación el enfrentar mis temores. Pero en este lugar, esta oficina paupérrima no hay nada.
Como dije anteriormente el ruidito me molesta, me bloquea, me produce escalofríos, entonces es imposible para mí sacarme un zapato y estampárselo contra ella.
Hoy por ejemplo llegué y vi una, grande, horrible. Me dije, está afuera, no hay chances de que puede entrar, resulta que la muy turra lo hizo y anda dando vueltas por acá. Mi primer reacción, siempre fiel al acto reflejo más significativo en mi, fue el abstraerme del sonido ambiente, me hace reír esto ahora ya que una simple cucarachita (método de auto defensa, minimizar al problema) no hace nada de ruido. Luego me senté sin que mis piernas tocaran el piso, y a cada rato giro la cabeza buscándola (histeria pura) he llegado a hablarle, a pedirle por favor que se vaya, que no quiero matarla pero que me da muchísimo miedo y asco que esté caminando por acá. Hace un rato nomás la vi salir de la rejilla, rengueaba un poco y creí que su fin estaba próximo pero me equivoqué, creo que lo está haciendo a propósito, creo que se está riendo de mí a mis espaldas.
Mentí, dije que estaba decidida a enfrentar este temor, muy bien, no lo estoy. Aparte, cómo los enfrento, ¿matándola? No lo creo. Como es más fácil esquivar el problema a enfrentarlo por las dudas voy a comprar un Raid y tenerlo a mano siempre…

martes

Perdidos


No sé donde perdí mis ojos.
La cuestión del asunto es que no puedo ver.
Si alguien los encuentra tenga la amabilidad de devolverlos.
Los necesito, me estoy perdiendo las pequeñas cosas. Sólo puedo ver esas que no importan, las aburridas, las que no tienen forma y no me tiran baldes llenos de papelitos de colores.

Arroz


Tratar de inspirar profundamente aunque el aire escasee, intentar por todos los medios aferrarme a una porción de espacio aunque me suspenda en el vacío. Jugar a hamacarnos en este filo del todo, soltar el hilo hacia la nada.
Apretar la cuerda al cuello, subir los escalones del precipicio y mové el banquito que ya estoy lista.
¿Duele no? Digo, comerse las uñas sucias, llenas de incertidumbre. Asomarse a qué, si total no vamos a estar del otro lado, hoy no. Mañana tampoco.
Tanto festejo de poco tabaco salado para qué, si hoy te bajaste veinte y sigue la apuesta por quien da más.
Me aíslo porque soy un mamarracho pegajoso, insoportable. Porque no puedo pedirte que me comprendas, ni siquiera que lo intentes.
Es difícil, es tan difícil luchar contra todo esto que cargas sin darte cuenta en mis espaldas.
Ahora dejame acá, ya estoy lista para hablarte. Decirte sin palabras los huecos que se abren en la garganta. De qué ilusiones me hablas, si acá no hay cofres ni bolsillos.
Estoy cansada, tan cansada de escuchar, de cortar estos hilos de a poco para que no se acaben, de coser botones sin agujeros, de cortar flores sin jardines.
Triste, porque ya no soy yo. Porque tengo que usar este antifaz para que grites pero ni eso consigo y te vas a buscar los dedos en otro libro, en otras melodías, en otras noches que no me incumben.
Los pájaros de la noche no me dejan dormir, me cuentan que allá hay razones para no sentir, que allá es muy lejos y que no voy a llegar, que va a ser tarde. Que ya tendrás consuelo y cuerpos que pintar, que una vez más le pifiaste Daniela. Por decir lo que sentís, por desnudar lágrimas te quedaste sola y encerrada, dejá. Ya me cansé.
Abrime la puerta para ir a jugar.

miércoles

Hilos


Cuando se sabe lo que hay que hacer. Cuando el sueño me gana y después me enoja. Cuando es más fuerte escapar que enfrentar. Cuando sé que eso no me sirve. Cuando deseo ser diferente. Cuando deseo volver a ser yo. Cuando no quiero el gris. Cuando armo la paleta monocromática. Cuando tengo muchas ganas de una melodía. Cuando prefiero el silencio. Cuando me da miedo la soledad. Cuando me abandono. Cuando deseo otro lugar. Cuando extraño tanto acá. Cuando anhelo la lluvia. Cuando quiero escribir. Cuando quiero que esté cerca. Cuando quiero más tiempo. Cuando quiero recuperar el pasado. Cuando busco donde no hay. Cuando me pierdo en la luna. Cuando me encuentro entre grillas. Cuando me enoja. Cuando me duele la cama vacía. Cuando quiero que todo se vaya al carajo. Cuando me canso. Cuando quiero calma y la cabeza me martilla los ojos. Cuando hace frío. Cuando no puedo. Cuando soy ajena a mis manos. Cuando lastimo. Cuando no alcanza. Cuando todo está tan lejos.
¿Cuándo?

Constantemente.